La tristeza en los escombros del corazón…

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Cuando le daba de comer a mi papá platicábamos de todo, sólo que esta vez, nuestra conversación fue distinta. Mi papá recordaba con tristeza el lugar exacto en el que se encontraba cuando lo sorprendió el terremoto de 1985. “Hoy se cumplen 36 años”, dijo mi padre sentado ahora, en su silla de ruedas. Con la mirada perdida, mirando tal vez dentro de su alma y reviviendo negros y bellos recuerdos, suspiró hondo mientras lágrimas tristes mojaban su ahora surcado rostro. Pocas palabras podía articular, en sus labios se reflejaba un ligero temblor, frases entrecortadas pronunciaba, la emoción lo embargaba. “Yo acababa de llegar al trabajo. Estaba sentado frente a mi restirador cuando escuché que las lámparas metálicas del taller de impresión comenzaron a estrellarse unas con otras; parecía un llamado a misa y en realidad aunque yo sin saberlo fue para muchos, un llamado a la muerte…”

“¡Está temblando! pensé. Bajé las escaleras y salí con calma de la oficina y lo primero que vi en la acera de enfrente fue a Aurelio el velador que estaba arrodillado junto a un poste rezando a gritos quién sabe qué oración a la que con fruición me uní. El sismo fue tan largo, que pensé no terminaría nunca… Cuando al fin el movimiento cedió entré a mi oficina e intenté llamar a tu mamá. El teléfono estaba muerto, la luz también. Todo era silencio, parecía que la tierra se lo había tragado todo, que sólo había quedado yo. Sentí un gran vacío. Jamás imaginé que la ciudad se había colapsado…”

“Al salir a la avenida principal me subí a un camión; no sé qué cara habría tenido, que el chofer ni siquiera me cobró. En el autobús la gente sollozaba, los que se encontraban sentados tenían las manos temblorosas aferradas a los asientos mientras miraban a todas partes a pesar de que no avanzábamos casi nada. Al cabo de unos minutos me bajé y comencé a correr a toda prisa, desesperado en busca de tu madre. No sé cuántas horas corrí, mientras impactado veía y vivía la destrucción, la desolación. Escuchaba y me estremecían los gritos desoladores. Cuando finalmente llegué a casa, vi a tu mamá parada entre los vecinos organizándose para poder ayudar y darles algo de tomar a los rescatistas. Le di un fuerte abrazo, la miré mil veces, acaricié su bello rostro, pensaba que no la volvería a ver nunca…”

“Ese terremoto fue tan violento que miles de personas perdieron la vida y otras por su natural violencia les destruyó su casa y sepultó para siempre todas sus pertenencias. Tuvieron que refugiarse en tiendas de campaña; el gobierno, les decía que pronto solucionaría su situación y que les proporcionaría vivienda. Esas familias, hija, vivieron años bajo esas lonas de colores, mismos que el tiempo inclemente fue destiñendo; su pálida delgadez permitía que se filtrara la tristeza, la decepción, el abandono y se anidara en el corazón de cada persona que ahí, con apenas lo necesario habitaba”.

“De todas partes del mundo llegó ayuda, manos de todos los colores se mezclaron, se unieron fuertes, decididas para sacar escombros y poder salvar vidas. Fue impresionante la solidaridad, muy triste las pérdidas, inolvidable la tristeza”.“Algunos años después tu mamá y yo nos mudamos aquí al Multifamiliar Tlalpan”. “Nunca me cansaré de oír tu historia papá, nunca. Hace falta mi mamá, sus relatos eran tan vivos, ¡cómo la extraño!”. Tomé, como muchas veces su fotografía y la puse en las manos de mi padre… “Yo también la extraño” dijo mientras con sus manos todavía suaves acariciaba su rostro a través del cristal. 

Le di un fuerte abrazo y salí nuestro departamento en el edificio 1-C. Mi papá no pudo salir cuando inició el sismo, murió quedando atrapado entre los escombros. Cuando por fin lo sacaron, aún tenía en sus manos la foto de mi madre. No sé qué habrá rezado, lo que sí sé es que teniendo la imagen de mi madre en sus manos, lo colmó de seguridad y paz. Supo que iría hacia ella, sé que lo supo…

Hoy, dos años después, el silencio reina en el Multifamiliar Tlalpan. El silencio se apoderó del lugar durante el simulacro. Dos años de espera y los edificios siguen vacíos, el alma de muchos que ahí habitaron flotan silenciosas, tristes, entre ellas, la de mi papá. 

¿Qué hicieron con los millones de pesos que fueron donados para la reconstrucción? ¿Qué hizo el entonces jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera con el dinero? Han pasado dos años y muchas personas siguen sin casa.

Setecientos treinta días han tardado en la reconstrucción de esta unidad habitacional que fue inaugurada en el año de 1957, mismo año en el que un movimiento telúrico derrumbó el Ángel. Dos años sin saber en qué se utilizó el dinero, sin que haya investigaciones. Miles de familias gracias al abuso y la corrupción siguen esperando en cualquier lado, menos en su hogar.

El 14 de julio Claudia Sheinbaum jefa de Gobierno de la CDMX dijo que el 7 de enero la reconstrucción del edificio 1 C deberá ser concluida. 

¿Será?

One response to “La tristeza en los escombros del corazón…”

  1. Esperemos se les apoye y se haga justicia a todos los damnificados por el terremoto..a todos los del país…que lamentable situación y que miserables los que se robaron el dinero…o sea….el prian

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