¿Por qué?

Quisiera penetrar en tu cuerpo; ser tú y así poder contemplarme a través de tus bellos ojos azules por tan solo un instante… para saber qué sientes al ver mi cabello, mis ojos cafés, mi piel… Quiero percibir tu sentir cuando escuchas mi voz.

Deseo cerrar tus ojos para ver el recuerdo que tienes de mí cuando era pequeña. Saber qué sientes al ver que tus sueños y anhelos jamás podría yo cumplirlos. Por rehusarme a usar faldas floreadas y blusas con olanes. Por querer ser futbolista. Quiero sentir tu frustración cuando me negué a las pasarelas. Deseo vivir tu coraje al ver que yo jamás sería como tú; que nunca sería actriz ni modelo. Vivir tu frustración al comprobar que no había heredado tu feminidad. Quiero poseer tu alma, adueñarme de ella y de tu corazón por solo tan solo unos segundos para saber lo que realmente sientes por mí. Entender porqué no me has perdonado… ¿De qué? ¡No lo sé! Pero aún así quiero comprender y aceptar con dolor, pero con razón, tu rechazo.

No sé cómo hacerle para que me quieras. Para alegrar tu vida aunque sea por momentos cortos. No sé qué hice para que tu indiferencia sea cada vez mayor. No has dejado un resquicio siquiera por el cual pueda filtrar pequeñas y discretas dosis de cariño y devoción aunque sea. Has cerrado todo… Cada vena, cada arteria, todas las válvulas. Tu corazón es inmune a mí. 

Aquellos brazos que calmaron mis terrores de niña me fueron soltando y ahora en vez de acercarme me empujan, me rechazan con desprecio y mientras más lejos esté de ti, mejor… Me siento insegura todo el tiempo. He luchado y hecho todo lo posible por derrumbar con atenciones y caricias ese frío y sólido muro de hielo que has construido y que crees invisible… no necesito verlo, no es necesario que disimules, ahí está y creo que jamás podré atravesarlo para poder estar contigo sin que nos digamos nada; que el silencio hable y perdone.

Lo has construido con resentimiento, rencor y menosprecio. Mis lágrimas tibias han sido incapaces de ablandarlo. Es cada vez es más firme, más ancho e inquebrantable. 

Cierro mis ojos, trato de despojarme de este dolor. Consigo hacerlo por algunos días y después vuelve más intenso, no puedo arrancarlo quiero matarlo, ¡no puedo! Sé que al final de mis días se irá conmigo, adherido a mi piel, sin lograr jamás comprender:

¿Por qué, mamá? ¿Por qué no me quieres? 

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